viernes, 8 de febrero de 2019

Yo reseño: Bajar es lo peor, de Mariana Enríquez


Título: Bajar es lo peor
Autor: Mariana Enriquez
Editorial: Espasa Calpe
Año: 1995
ISBN: 950-852-089-23

Texto de contraportada:


—¿Cómo vamos a ir caminando tan cargados de droga,Val? Sos tonto o qué.
Narval no contestó; el tiro de merca le había endurecido las mandíbulas. Pero besó apasionadamente a Facundo en la boca, mientras él, divertido, observaba de reojo cómo los espiaba el taxista por el espejo. A Facundo le encantaba que Narval lo besara en público sin importarle nada; podía besarlo delante de un batallón, no tenía inhibiciones.








Todos se enamoran de Facundo, pero él no ama a nadie. Perturbadoramente hermoso, este misterioso y lúgubre personaje nos arrastra a través de un vertiginoso laberinto de locura, drogas, sexo y la más oscura poesía.

Narval ama a Facundo, pero debe conformarse con tener sexo con él. Hasta la noche en que lo conoció en un boliche gay del centro, una de sus tantas noches ahogadas en alcohol y drogas, Narval no se había fijado jamás en un hombre. ¿Es real ese joven alto y pálido, de pelo negro y ojos grises que es mucho más hermoso que cualquier mujer? ¿O es solo otra alucinación causada por las drogas que Narval consume constantemente? Perdidamente adicto, Narval pasa con Facundo noches de sexo, cigarrillos y cocaína comprada al Negro, su dealer habitual.

Narval vio sus dientes blancos, la piel húmeda, el pelo pegado a la cara, la ropa negra que se ajustaba al cuerpo, y lo arrinconó contra la pared, tomándolo furiosamente de la cintura, diciendo casi con odio: "sos el hijo de puta más hermoso que vi en mi vida". (p. 27).


Luis Armendáriz ama a Facundo, pero debe conformarse con tener sexo con él. Adinerado y padre de familia, Armendáriz es quien provee a Facundo del dinero que usa para vivir y quien paga los gastos del departamento donde vive.

Carolina ama (¿o amaba?) a Facundo, pero debió conformarse con tener sexo con él. Horrorizada al enterarse de que su novio se acostaba con hombres (y algunas mujeres) por dinero, le pidió que la llevara con él para comprobar con sus propios ojos lo que ya sabía: Facundo es un ser frío que aparenta no tener sentimientos y en medio del sexo no es más que un personaje que lleva a cabo un papel, sin importar quien sea su amante.

Pero Facundo, a pesar de lo que los demás vean en él, es un torbellino de sentimientos confusos: lo abruma la soledad y, por sobre todas las cosas, lo atormentan el miedo y los recuerdos de su madre desequilibrada —para quien era un ser desagradable e indeseable— y de Lautaro, el hombre que lo rescató de la calle y le dio un hogar en el boliche de La Diabla.

Bajar es lo peor es una desgarradora novela que retrata en detalle la vida que llevan algunos jóvenes que se dedican a la prostitución. Atrapados por las adicciones y sus demonios personales, no logran ver más alla del presente y el futuro se les aparece como un fantasma oscuro y aterrador. Los días de Narval y Facundo son todos iguales: marihuana, picos, rayas de cocaína, cerveza, cigarrillos y sexo. En este ir y venir por las calles de Buenos Aires —el subte C, La torre de los ingleses en Retiro, el Riachuelo— los personajes deambulan por su propio infierno privado, en una búsqueda inútil de algo que les dé sentido a sus vidas.

Me encantan este tipo de historias. Esta novela me recordó mucho a Menfis, mi primera novela publicada, por el contraste real-fantasía de las escenas de los "viajes". Narval tiene alucinaciones: el hombre que tiene agujeros en vez de ojos, el hombre de las arañas y una mujer zombie lo siguen allá a donde vaya... y en algunas ocasiones tienen sexo con él. Es muy interesante este aspecto de la narración, porque al principio de la novela, cuando todavía no había aparecido Facundo, yo pensé que Narval 1) padecía algún tipo de esquizofrenia o 2) sus alucinaciones son causadas por las drogas. Quizá estas dos hipótesis no sean excluyentes, porque muchas personas que padecen enfermedades mentales y no reciben atención médica profesional caen en las adicciones para intentar ahogar su enfermedad.

Pero cuando apareció Facundo, este personaje magnético, brutalmente hermoso y casi diría, mágico, se sumó una tercera (o segunda hipótesis): las alucinaciones son causadas por la influencia de Facundo. Como sea, las novelas admiten muchas lecturas y ninguna es más "correcta" que otra. Solo quería comentar eso; me fascinan estas novelas tan góticas, oscuras, que nos arrastran hasta lo más bajo, lo prohibido y lo patético.

viernes, 1 de febrero de 2019

Yo reseño: Madre noche, de Rachel Pollack



Título Original: Godmother Night
Traductor: María Pilar San Román
Diseño de Portada: José Llopis
Precio: 18,95 €
Tamaño: 23x16
Páginas: 384
ISBN: 978-84-15156-28-4


“Madre Noche” es una novela de fantasía centrada en la identidad personal, el amor y la muerte.
Jaqe no tiene identidad propia hasta que conoce a Laurie, hasta que descubre su verdadero nombre, proporcionado por Madre Noche. En ese momento Jaqe y Laurie se amarán sin medida, y junto con su hija Kate se convertirán en un todo, pero no podrán vivir como el resto del mundo.
Conocen la muerte que proporciona Madre Noche, y utilizarán ese conocimiento para negociar con ella, modificarla y cambiar el fino equilibrio entre vida y muerte en el mundo.

Rachel Pollack teje personajes memorablemente humanos; a través de la transposición de mitos y antiguo folclore a un entorno moderno, consigue dar nueva vida a los viejos cuentos, y profundidad a un mundo aparentemente simple.

El moderno cuento de hadas de Pollack es ingenioso y original, pero aquí el punto fuerte reside en los personajes, en el perfecto retrato de las relaciones de las mujeres entre ellas, lleno de resonancia y realismo. Esta es otra gran muestra de uno de los talentos más sensibles de la actualidad.
Publishers Weekly




Hace un par de meses que quería ponerme a leer este libro, pero como deseaba leerlo tranquila y sin interrupciones, no lo agarré hasta ahora. Y menos mal que lo hice así, porque cuando lo empecé a leer, no lo pude soltar. Como vi que se hizo una lectura conjunta de esta novela, leí un par de las reseñas que hicieron los lectores para no repetir lo mismo... Me encontré con cosas que me sorprendieron bastante y... realmente me sorprendí no encontrarme con otras.

Madre Noche está dividida en cuatro partes separadas temporalmente entre sí. La primera parte, llamada «La mujer sin nombre», cuenta cómo se conocieron las protagonistas, Laurie y Jaqe. Las muchachas fueron presentadas en un baile de la universidad por una extraña mujer que se hace llamar Madre Noche, un personaje misterioso y excéntrico, casi siempre acompañada por un grupo de bellas motoristas. Laurie pertenece a un grupo de militantes lesbianas, mientras que Jaqe aún está en su primer año y no tiene bien en claro su sexualidad. A partir de esa noche, las protagonistas comienzan su relación amorosa.

«El bebé en la piedra» es una parte coyuntural: Jaqe desea tener un hijo, cosa que a Laurie le parece una locura. Sin embargo, a pesar de no estar segura, consiente el deseo de su pareja y acuden a la inseminación artificial.

«La niña que jugaba con la muerte» narra la infancia de Kate, la hija de Jaqe y Laurie. Siendo la sobrina de la mísmisima Muerte, Kate puede ver a los muertos caminando por la calle y hablar con ellos. A sus nueve años, Kate se hace amiga de Jimmy (<3 a="" calle.="" de="" div="" el="" horror="" la="" las="" lo="" muerto="" ni="" o="" para="" personas="" por="" que="" se="" un="" ven="" viste="">

Finalmente, «La mujer en la barca» se centra en la vida adulta de Kate como mensajera de la Muerte. Realizando este trabajo es cómo conoce a Melissa, la hija de un artista moribundo, de quien se enamora y con quien tiene un romance.

Madre Noche es una novela que tiene como protagonistas a las mujeres. Este es un hecho que, a mi parecer, no se puede criticar, simplemente puede gustar o no. No olvidemos a Mark, el dueño de la librería donde trabaja Laurie, quien ayudará a la pareja a buscar un donante de esperma para la inseminación artificial. No hay que pedirle a la novela que profundice en personajes innecesariamente... A mí me habría encantado que se profundizara en Jimmy Muerto (su familia, la homofobia que sufría, su muerte... que encontrara un novio muerto —o vivo—), pero, vamos, ¿sería necesario?

Me llamó mucho la atención la crítica de que "todas las protagonistas son lesbianas"... Bueno, eso suele suceder cuando se lee un libro de temática lésbica. Generalmente las mujeres lesbianas se ponen de novias con mujeres lesbianas y es común que tengan amigas lesbianas. Ironías aparte, lo que pasa es que la novela está siendo comercializada como novela de fantasía (con todo el derecho) y este género no tiene una amplia tradición LGBT.

El asunto de que "de una hija lesbiana sale una hija lesbiana" tampoco me parece una crítica válida porque parte del prejuicio de la normalidad. Hijos homosexuales nacen de padres heterosexuales y viceversa, y la homosexualidad no es ninguna enfermedad contagiosa como para ver con malos ojos que de una pareja de mujeres nazca una hija que pueda amar a las mujeres o un hombre que pueda amar a los hombres.

Jaqe tiene que sufrir este prejuicio por parte de su familia, quienes nunca terminan de aceptar la sexualidad de su hija y ni siquiera dejan que Laurie duerma con ella en la misma habitación. Laurie, en cambio, parece tener una familia más abierta, o eso parece.

El amor entre Laurie y Jaqe es descrito con absoluta naturalidad y realismo, sin caer en lo cursi, en lo ensayado, en lo pomposo, con todo lo que una pareja —hetero o gay— debe atravesar: peleas, inseguridades, dudas, escenas íntimas —y picantes— y separaciones dolorosas. Asimismo, los personajes no buscan «agradarle» al lector: son absolutamente humanos, se equivocan, tienen prejuicios, temores y sueños.

Cuando Jaqe queda embarazada, Laurie (quien nunca ha estado convencida de querer agrandar la familia) vive preguntándose si podrá ser una buena madre. La atormenta sentirse inútil cuando Jaqe está débil o enferma y se siente culpable cuando prefiere ir a un bar a tomar algo a quedarse en casa. Me encantó la manera en que Pollack desarrolla esta parte de la historia; me sentí muy identificada con Laurie y creo que cualquier futuro/a padre o madre atraviesa situaciones como esta. Además, el hecho de que sean dos mujeres agrava sus temores y su inseguridad. Cuando tiene que enfrentarse al futuro trágico que Madre Noche ha decidido para ella y Kate, nos sorprende encontramos con un personaje que ha madurado, crecido y, naturalmente, envejecido.

Madre Noche está llena de misterios. Poco a poco, la identidad de la excéntrica mujer que presenta a Laurie y Jaqe en el baile se va revelando y el lector no puede dejar de preguntarse: ¿es Madre Noche, junto con su grupo de motoristas, «la mala» de la historia? Madre Noche es un personaje ambiguo y misterioso, y es difícil calificarla según un espectro de maldad/bondad. Es un ser sobrenatural, no se rige por las normas de los seres humanos y no le agrada ser desafiada. La última parte de la historia, «La mujer en la barca», lo deja bien en claro. Con una evidente intertextualidad con el relato «La muerte madrina», de los Hermanos Grimm, Madre Noche le advierte a Kate que todos sus actos tienen consecuencias y que no es aconsejable ir en contra de lo que los seres superiores han decidido.

Tampoco dejo de leer opiniones que dicen que le quitarían a la novela las dos primera partes. En mi opinión, no siento lo mismo. Y esto es porque estamos demasiado acostumbrados a leer historias lineales y compactas, donde se narra una historia principal rodeada de historias menores. No quiero confundirlos, la historia es lineal, pero cada parte es un todo: tiene un principio, un final, sus protagonistas y su argumento. Este es el motivo por el que, como dije antes, no se puede decidir si Madre Noche es la «villana» de la historia.

Llena de magia y de un profundo simbolismo, adornada con bosques encantados, fantasmas simpáticos y otros un tanto desequilibrados, Madre Noche es una maravillosa novela acerca de la familia, la lucha, el amor y la muerte. Asimismo, es una épica y profunda alegoría acerca del rol de la mujer como fuente de vida. Muy recomendable y, sin lugar a dudas, creo que exige una segunda lectura no solo para comprenderla mejor y atar cabos sueltos, sino también para disfrutar de nuevo de la hermosa historia de amor de Jaqe y Laurie.

martes, 29 de enero de 2019

Yo reseño: El hermoso chillido de los cerdos, de Damon Galgut


El hermoso chillido de los cerdos
Autor: Damon Galgut
ISBN: 978-84-945371-0-3
Páginas: 170
Formato: tapa blanda
Traducción: Mariana Jorge Lozano

Sinopsis:

Patrick Winter, un joven sudafricano, ha sido recientemente dispensado de servir en el ejército de su país a causa de su estado mental. Tras sufrir una experiencia traumática en la vecina África del Sudoeste,  regresa a Sudáfrica para enterarse de que su madre tiene un nuevo amante, esta vez un hombre negro poco mayor que él. Patrick inicia un largo camino de vuelta a África del Sudoeste, ahora Namibia, para visitar a Godfrey, el novio de su madre.

El telón de fondo lo proporciona el momento histórico que vive Namibia que, a punto de celebrar sus primeras elecciones libres, es reflejo de la liberación que Patrick busca alcanzar. El activismo político y el ambiente victorioso que vive el país, contrasta con su inmovilismo. Entrar en contacto con activistas de la SWAPO, el partido político que se presume vencedor en las elecciones, le hace plantearse qué tipo de hombre desea ser.

Esta experiencia será para él un viaje hacia su propio pasado, viaje en el que Patrick deberá enfrentarse a sus conflictos internos y comenzar a tomar decisiones por sí mismo, lejos de la protección de una madre con la que cada vez tiene menos en común. 





Imposible no comenzar a hablar de este libro sin dedicarle unas palabras a la editorial que lo ha publicado: Baphala Ediciones. Se trata de una editorial nueva que, según cuentan, comenzó a fraguarse en el año 2015 y que ha publicado su primer libro, este mismo, a finales del año pasado. La particularidad de Baphala Ediciones es que, si bien publican literatura LGTBQIA:

Traemos lo mejor de la literatura LGTBQIA poscolonial, principalmente de África y Asia, para descubrirte obras que de otro modo difícilmente serían publicadas en nuestro país.

Literatura poscolonial de África y Asia. No sé ustedes, pero yo estoy ansiosa por ver cómo se agranda su catálogo.

Ahora sí, vamos con la novela.


El hermoso chillido de los cerdos nos cuenta la historia de Patrick Winter, un joven sudafricano blanco que viaja junto a su madre, Ellen, desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) hasta Swakopmund (Namibia) para que ella se encuentre con su nuevo novio, Godfrey. Dos detalles: Godfrey es mucho más joven y es el primer hombre negro con el que ella mantiene una relación y el último de un larga lista de amantes, tanto hombres como mujeres; parte de una intensa y desaforada exploración (y autodestrucción) personal. 

Pero mientras Ellen intenta encontrarse a sí misma en amantes y drogas, Patrick se encuentra inmóvil e incluso más desorientado que ella.

La infancia y adolescencia de Patrick estuvieron marcadas por dos imponentes figuras masculinas: la de su padre, un hombre adinerado que gustaba salir de caza con frecuencia; y la de su hermano mayor, excelente jugador de rugby, que desbordaba virilidad. Patrick siempre se sintió diferente de ellos, relegado, dejado de lado. En ocasiones sin comprender por qué. Ya en el ejército, descubre que le ocurre lo mismo con sus compañeros de armas: no se siente parte de ellos, es pésimo jugando al rugby y, tal como le ocurrió en su infancia, es dejado de lado en las camaraderías de los demás hombres.

La novela está ambientada durante el apartheid, específicamente, en los días previos y el propia día de las elecciones de Namibia, que la abuela de Patrick se empecina en seguir llamando África del Sudoeste mientras su madre insiste: es Namibia.

Patrick, de alguna forma, se encuentra en busca de su identidad, de la misma forma que Namibia está luchando por la suya. A pesar de haber combatido en la guerra (del bando de Sudáfrica), no le ve ningún sentido, no la comprende, no cree en ella, no puede ser parte de su odio. Sin embargo, allí conocerá a Lappies, un joven fusilero que será su primer amor, aunque él (Patrick), lo descubra demasiado tarde, luego de ser dado de baja por motivos de salud mental.

Al principio, Patrick se muestra un poco reticente e incómodo con Godfrey, pero finalmente acaban forjando un vínculo que podría haber culminado en una amistad. Y es que Godfrey es un militante de la SWAPO (South-West African People's Organization; partido político de Namibia que luchó por la independencia), y mientras Ellen encuentra fastidiosa su militancia, Patrick comienza a "despertar" de su inmovilidad, de su sopor.

Hay una escena que me pareció terrible por su simbolismo casi obsceno: en la visita a la granja de la abuela materna, Patrick visita el cementerio de los negros. Allí no hay lápidas, ni placas. No hay nombres. Los muertos negros no tienen identidad. Seguí andando, (...) el cementerio real, el de los blancos. Era un jardín ordenado, delineado, resguardado discretamente por árboles. Abrí la puerta y entré, hacia la tumba de mi abuelo.

La novela está narrada en primera persona por Patrick y la narración es no lineal; vamos descubriendo el pasado del protagonista a medida que avanzamos por el desierto junto a él y su madre: la niña negra con la que tuvo su primer contacto sexual, las ausencias del padre, el chillido de los cerdos en el matadero. La narración es sencilla, pero profunda y elocuente, con escenas cargadas de metáforas: cerca del final, Godfrey les señala a Ellen y a Patrick a las personas que hacen fila para votar. Vuestro futuro, les dice. Quizá quiera decirles que, tal como ellas, deberán seguir luchando por encontrase a sí mismos.

Nos miramos el uno al otro. Aunque estaba inexpresivo, podía ver que se sentía mal. Se movió despacio, rígidamente, como si se hubiese roto un hueso en algún lugar.

‘Te veré,’ dijo finalmente.

‘Tal vez sí,’ dije, aunque ninguno de los dos lo creía.

Consiguió ofrecer una leve sonrisa. ‘Vendrás aquí a vivir, tal vez. Vivirás aquí en el exilio, hasta que Sudáfrica también sea libre.’

‘Hay otras formas de exilio,’ le dije, y solo después de que las palabras estuviesen fuera me di cuenta de cuán ciertas eran.


martes, 8 de enero de 2019

Skam, serie noruega de temática gay



Hace unos días descubrí esta serie gracias a unos videos de Youtube y fui muy feliz. Tenía ganas de ver algo bien juvenil. En realidad, Skam (vergüenza en noruego) tiene tres temporadas y esta es la tercera. Por lo que entendí, pueden verse de forma independiente. Los chicos que ven en la imagen se llaman Even (el de la capucha) e Isak y son los protagonistas.

Isak va a segundo año del secundario. Comparte departamento con otros dos chicos: Eskild, un chico gay; y una chica cuyo nombre no recuerdo (no aparece mucho). Tiene un grupo de amigos de los que poco a poco se va sintiendo más lejos: todos son heterosexuales, hablan de chicas y él se siente diferente. Isak está descubriendo que es homosexual y aún está en el armario. Es un chico algo callado, que tiene problemas familiares y suele ser bastante introvertido.

Even está en último año y es quien al principio se acerca a Isak al notar que este lo mira. Even es más lanzado que Isak, digamos. Le tira sonrisitas todo el tiempo y parece tener toda la seguridad que le falta a Isak para llevar la relación adelante. Parece.



Esta escena es hermosa. La luz, el encuadre, los colores, ellos, todo ❤ 

Si son de mi generación, notarán una leve familiaridad con Skins. Si son del 2000 para adelante no deben tener idea de lo que hablo, jaja. Skins es un clásico juvenil, made in England, y a mi parecer marcó un antes y un después en las temáticas que se están tocando en las series de TV de todo el mundo, sobre todo en lo relacionado con la sexualidad. 
Buen, no voy a contarles más de la serie. Pueden verla acá de forma legal, ya que el canal sube los episodios en streaming de forma gratuita. Lo malo: solo está subtitulada en inglés, pero es perfecta para quienes quieran practicar el idioma ;) Los episodios son cortitos (25 minutos), así que si el idioma les cuesta tampoco se van a saturar.


jueves, 27 de diciembre de 2018

Leé un cuento: Broken




A todo el que me pregunta cómo conseguí el empleo, le cuento que fue Christian quien me eligió. Nos observó bailar a todos los aspirantes; no sé desde dónde, pero lo hizo. Cuando terminó el casting apareció en el salón solo vestido con unos pantalones de deporte y nos estrechó la mano uno por uno. Casi me muero. Me temblaban los dedos y él se dio cuenta. Sonrió divertido y aprecié que no retocaban sus labios en las fotos: eran redondeados, bien perfilados, y el labio inferior era levemente más grueso. Sus pestañas largas, negras, parpadeaban con coquetería a medida que iba pasando de mano en mano; todos estábamos fascinados, boquiabiertos con su repentina e inesperada presencia.
Ninguno se animó a pedirle un autógrafo. No me lavaré la mano nunca más, pensé al salir de la productora. Tuve que hacerlo, claro.
Tres días más tarde, me llamaron a la pequeña habitación que alquilaba y me dieron la noticia de que ya era uno de los bailarines principales de Christian Slava.
A los medios les gusta el escándalo, de eso se alimentan. Decían que Chris tenía aires de diva, que maltrataba a sus bailarines, que no quería subirse al elevador con los demás huéspedes de los hoteles. Es mentira. Chris era amable, humilde y siempre lo rodeaba cierto halo de inocencia que me hacía preguntarme cómo había llegado a ser quien era.
Luego de un año, la respuesta ya estaba clara para mí: su madre. Manipuladora, siempre oculta detrás de una sonrisa falsa, de una máscara de maquillaje caro. Chris la amaba, pero al mismo tiempo le tenía miedo. A veces, cuando terminaba un show, me preguntaba si Chris cantaba (fingía cantar, dado el caso) y bailaba para complacer a su madre.
La primera vez que pasé la noche con él, comencé a percatarme de la complejidad del ser humano. Chris era carismático y desenvuelto, y cuando me acercaba a él arriba del escenario me tomaba de la cintura con las dos manos para levantarme en el aire. No dejaba de mirarme en ningún momento.
Creo que malinterpreté sus gestos, pero ¿acaso importa? Ya me había enamorado de él.
Aquella noche, toqué su puerta y cuando me abrió me miró como si no supiera qué estaba haciendo allí. Tonto de mí, pensaba que me estaría esperando.
—¿Necesitas algo, Dave?
Me mordí el labio. Estaba poniendo en juego mi carrera, mi trabajo, el dinero que les enviaba a mis padres para pagar la hipoteca de su vieja casa…
—A ti.
Se rascó la nuca, le echó una mirada al pasillo y me hizo pasar.
Tan, tan tímido. Chris se comportó casi como un niño. Yo esperaba una fiera sexual y, en cambio, me tocó llevar las riendas. Se comportó como si en verdad no entendiera lo que estábamos haciendo. Ni siquiera tenía condones.
Cuando acabé comprendí que, diablos, en verdad estaba enamorado. Porque el encuentro sexual había sido patético, ¡pero yo estaba tan feliz!
Chris sí podía cantar en vivo. Pero es complicado hacer windmill y luego afinar así como si nada, como si tuvieras dos pares de pulmones.
—Cántame —le pedí una noche, después de hacer el amor. Creo que estábamos en Tokio. O tal vez en Shangai, no me acuerdo.  
Se sentó en la cama con las piernas cruzadas… y pensaba que me cantaría alguna de sus canciones, pero me cantó una nana para dormir. Tomábamos agua mineral (él nunca bebía durante las giras) y la enorme cama estaba llena de envoltorios de galletas de la fortuna. Sí, creo que era Tokio. U Osaka.
—¿Te gustaría tener hijos algún día? —le pregunté.
Me miró como si le hubiera preguntado la masa de Júpiter y supe que había hablado de más. Luego bajó la cabeza, abrió otra galleta y se la llevó a la boca.
—¿Crees que si salgo del armario… podré… qué sé yo… casarme y tener una familia?
Quería mi opinión. O tal vez solo quería que le dijera que sí. Así que eso hice. Sonrió y miró hacia arriba y supe que estaba imaginando algo, y deseé con todas mis fuerzas saber si yo estaba en esos sueños o si solo era un bailarín con el que se acostaba para sacarse las ganas durante las giras. Un tipo que podría reemplazar con cualquier otro que estuviera dispuesto a hacer siempre de activo.
Sabía que tomaba medicamentos, pero a todos les decía que eran vitaminas. Yo, en el fondo, quería creer eso. Jamás le pregunté nada.
Pero quiero dejar claro que nunca lo vi consumir drogas. ¡Ni siquiera bebía alcohol! Una copa de vino en ocasiones que se tragaba en sorbitos cortos, como si fuera un menor de edad al que una noche le dan permiso para beber.
No sé cuándo comprendí que Chris estaba roto por dentro. Quizá cuando me di cuenta de que tenía pesadillas por las noches o cuando irrumpía en su suite para hacer el amor y lo encontraba tan ido que me conformaba con abrazarlo y cuidarlo de sus malos sueños.
—Escucha, escribí algo —me dijo una noche en Europa (Londres, tal vez)—. Se llama Broken.
Me senté frente a él en la cama y me leyó:

Ya no me avergüenzo de lo que he soñado.
Gracias a ti, hoy puedo cantar en colores.
Veo el abismo y ya no me devuelve la mirada.
El abismo me ha enseñado a volar

Porque he descubierto
que puedo ser feliz,
que mi caja de Pandora
siempre estuvo abierta.

Ya no me avergüenzo de lo que siento
porque sé que vendrás conmigo
cuando el mundo se derrumbe.
El abismo tiene tus ojos
y tus ojos me han enseñado a amar.

—Aún no está terminada —susurró dejando el papel en la mesita de luz. Estaba completamente sonrojado porque sabía que había comprendido. Esa canción hablaba de mí.
Hicimos el amor suave, sin prisas y cuando acabamos quise asegurarle que sí, que estaría con él cuando el mundo se derrumbara.
Ahora creo que su mundo ya estaba derrumbado y que todas aquellas noches dormimos entre los escombros.
Lo encontré muerto. Etiquetaron su muerte como accidente, pero yo sé que fue un suicidio. Porque él, como ya he dicho, no bebía alcohol. Me preguntaron qué hacía en su habitación a esas horas (tuvieron que traducirme, porque no sé español) y dije la verdad: que éramos amantes hacía años. ¿Cuánto tiempo? Desde antes de que la prensa comenzara a maltratarlo hablando mal de él, de su estado físico, de que ya no bailaba como antes, de que nunca cantaba en vivo. Desde antes que se supiera que, en cuanto su madre advirtió que aquel niño tenía talento, lo puso a fabricar billetes.
Día y noche me pregunto por qué nunca habló conmigo de lo que sentía.
Los medios son crueles y no les importa hacer daño. Solo quieren dinero y más dinero. Tuve que mudarme para que dejaran de acosarme. No me dejaron en paz por años. Nadie se olvida de Christian Slava. Y yo menos. A veces pienso que hay personas que valen más dinero muertas que vivas. Y que su madre lo sospechaba y que ahora debe estar segura. Las discográficas inventan discos póstumos, proyectan su figura en hologramas, lanzan nuevos videos musicales.
Hasta han escrito un maldito libro protagonizado por él y yo, donde en vez de ser Christian y David somos Krishter y Darius. Donde en vez de ser un cantante y un bailarín, somos un príncipe y su esclavo y vivimos en mundo de fantasía con duendes, hadas y unicornios en el que dos hombres pueden casarse. Me dijeron que iniciara acciones legales por difamación, pero no lo haré.
Es una historia bonita. Soy un prisionero de guerra y Chris, perdón, Krishter, me espía una noche mientras bailo junto a los demás esclavos. Me toma como esclavo personal y todas las noches me pide que baile para él. Hay escenas eróticas bastante explícitas, todas equivocadas, tristemente. Chris siempre prefirió ser pasivo y Krishter es un hombre tierno, pero dominante.
Creo que a Chris le hubiera gustado la dichosa novelita.
Y ahora, mientras la leo por quinta vez y me imagino que vivo en mundo de fantasía con duendes, hadas y unicornios en el que dos hombres pueden casarse, tengo más y más ganas de seguirlo al abismo.
Porque mi mundo está derrumbado y nadie ha conseguido levantarlo de nuevo.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Yo reseño: Crónica de la noche, de Colm Tóibín

ISBN: 9788495908155
Nº de páginas: 328 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: Emecé


Sinopsis:
Argentina. Richard Garay se ve obligado a reprimir su sexualidad ante la sociedad y ante su madre, una inglesa que odia esa tierra. Mientras tanto, Richard atraviesa como en un sueño la dolorosa historia de un país que apenas puede recuperarse de sus reiteradas heridas causadas por la guerra contra la Gran Bretaña, los juicios contra los militares, la corrupción, hasta que el amor y la tragedia se instalan definitivamente en su vida. 

 
Encontré este libro de pura casualidad en una librería de saldos de Corrientes. Soy una asidua visitante de las librería de saldos del centro de CABA: muchos de los  libros que hay en ellas son libros que no se publicaron acá. Hay bastante cosa que no vale la pena (al menos para mí, claro) porque son ficción comercial que no se vendió bien en España (las sobras, digamos; hay montones de novelitas de vampiros que llegaron tarde a la fiesta). Pero a veces se encuentran joyitas como esta y como otras más que tengo en mi biblioteca de literatura LGBTI (¡que cada vez se agranda más!). 

Si bien es un libro ambientado en Argentina, es una traducción del inglés: el autor es irlandés. Muy curioso eso de traducir una novela al español rioplatense, creo yo. Afortunadamente, es una buena traducción y más que alguna cosita (pito para referirse al pene; palabra que me parece ridículamente infantil), el traductor es invisible. 

Nuestro narrador protagonista es Richard Garay, un joven argentino de madre inglesa. Esa señora, de quien nunca sabemos el nombre, llegó de joven al país y nunca pudo ni quiso sentirse argentina. Secretaria, contrajo matrimonio con su jefe y de mayores tuvieron un solo hijo, Richard, a quien ella siempre se dirige en inglés hasta el punto de que el chico es bilingüe. 

El padre de Richard muere cuando él tiene doce años y cuando esto sucede, ambos se quedan sin un centavo. La familia paterna no es de mucha ayuda, ya que desprecian los aires de realeza inglesa de la mujer. Lo mismo ocurre, sorpresivamente, con la familia materna. Matilda, tía de Richard y hermana de su madre, los aloja en su humilde casa de campo, pero abandonan el lugar cuando intentan hacerla trabajar de sirvienta en la casa de un terrateniente. Sin un centavo, la pequeña familia vuelve a Buenos Aires.

Richard sabe desde pequeño que es homosexual y ya de adolescente suele buscar sexo por las calles. Se enamora de Jorge, uno de sus alumnos particulares de inglés e hijo de un millonario con aspiraciones políticas, con quien viaja a Barcelona de vacaciones. A pesar de lo que dice la sinopsis, Richard sí le cuenta a su madre que es gay y ella, si bien el asunto no le termina de agradar, lo acepta con resignación.

La narración es muy, muy íntima. Richard no tiene ningún reparo en contar que es un mal estudiante de inglés a pesar de ser bilingüe, que sus jefes quieren deshacerse de él, que se siente aliviado cuando su madre muere. Y lo rodea cierto halo de mediocridad, esa mediocridad del hombre común que no hace nada interesante ni valioso con su vida; ese hombre que no advierte lo que está sucediendo en el país, cuya vida transcurre de forma monótona, y que celebra la Guerra de Malvinas en la Plaza de Mayo (una guerra distractora maquinada por una junta militar asesina). Además, un detalle: Richard fue criado por dos ancianos y eso se refleja en su personalidad tan poco vivaz, en la escasa emoción de su día a día.

La mediocridad no se termina cuando deja el trabajo que odia y comienza a tener dinero gracias a las influencias de Susan y Richard Ford, dos norteamericanos que buscan financiar la campaña política de algún candidato que quiera tener buenas relaciones con el imperio; perdón, con Estados Unidos. Richard sigue viviendo en el viejo depertamento sucio y despintado de siempre, su vida sigue siendo gris. Gana dinero mediante negocios turbios y es un activo colaborador en el hundimiento del país que tuvo lugar en los '90 gracias a las privatizaciones de... Méndez. No lo nombremos porque da mala suerte. Gracias.

La mediocridad de la vida de Richard termina, por fin, cuando comienza el primer romance de su vida... y tal vez, sospecha, el último. Pablo es joven, bello y, lo mejor de todo, le corresponde. Pero es el hermano de Jorge y está en el armario. 

¿El final? Puede parecer un final abierto, pero para mí no lo es. Podría ser más cerrado es cierto, pero sería como llover sobre mojado, en ambos sentidos.

Bien. Disfruté mucho la novela y por momentos sentí estar frente al personaje de Albert Camus, de El extranjero. Y es que Richard parece vivir fuera del mundo hasta que aparece Pablo; solo cuando llega Pablo la narración toma un poco de emoción, de sensibilidad. Parece que estuviéramos frente a otro Richard.

Recomiendo mucho esta novela. No estará entre mis favoritas, pero fue una lectura muy interesante.