viernes, 22 de junio de 2018

Yo reseño: Enemigo mío, de Barry B. Longyear (mpreg)



Pedí recomendaciones de historias con mpreg en mi Facebook y esta novela corta fue la que más llamó mi atención. Cuando leí que había ganado los premios Hugo y Nébula, supe que estaba ante algo que valía la pena. ¡Y no me equivoqué!

En Enemigo mío no vamos a encontrar escenas de acción, ni guerras intergalácticas, sino una historia intimista y personal. 

Los humanos están continuamente en guerra contra los dracs en pos de la colonización del universo. Los dracs son seres antropomorfos de color verde, ojos amarillos, manos con tres dedos y... hermafroditas. Sí. Para mofa de los humanos, a los que solo se les enseña a asesinarlos, los dracs pueden autofecundarse.

Willis Davidge es un piloto de guerra que se ve obligado a aterrizar en un planeta desconocido junto a un drac, Jeriba Shigan. El comienzo de la novela nos sorprende en medio de una batalla cuerpo a cuerpo: Davidge enfrentándose contra Shigan... sin embargo, pronto el lector advierte que tal batalla no es tal...

Lentamente, Davidge y Jerry (así ha decidido el humano llamar a su compañero de naufragio) van conociéndose y aprendiendo sus respectivas culturas. Jerry le recita toda su genealogía y Davidge se sorprende al ver que su nuevo amigo se sabe de memoria la historia de su linaje, que abarca más de cien generaciones de dracs. Davidge apenas sabe que su abuelo se dedica a la agricultura.

Enemigo mío es una novela que trata acerca de la amistad, esa amistad tan profunda que se funde con el amor, y de las fobias que padecemos las personas. El odio sin sentido que se profesa hacia un grupo cultural, una religión o una etnia, simplemente porque nos resulta ajena, desconocida o incomprensible. En este caso, los habitantes del planeta Draco, del que los humanos saben poco y nada.

Sin embargo, en la novela no hay un bien ni un mal. Ni los dracs son las víctimas ni los humanos los victimarios. Ni viceversa. El odio infundado es mutuo... y Davidge, luego de ser rescatado, deberá enfrentarlo en carne propia: para los humanos, él se ha convertido en un «amante de los reptiles» tan repugnante como los mismos dracs. Y por eso, se siente un extraño en su propio país, en su propio mundo.

A la deriva, Davidge decidirá ir en busca de un mundo para sí mismo.

Les recomiendo mucho esta novela corta, incluso si nunca les llamó la atención el mpreg. Es sencillamente hermosa. Y tiene película, que voy a ver en un ratito :)

viernes, 18 de mayo de 2018

Yo reseño: Llámame por tu nombre, de André Aciman


Título: Llámame por tu nombre
Autor: André Aciman
Editorial: Alfaguara
Páginas: 280
Publicación: 18/06/2008
ISBN: 9788420473895



En una localidad de la costa de Italia, durante la década de los ochenta, la familia de Elio instauró la tradición de recibir en el verano a estudiantes o creadores jóvenes que, a cambio de alojamiento, ayudaran al cabeza de familia, catedrático, en sus compromisos culturales. Oliver es el elegido este verano, un joven escritor norteamericano que pronto excita la imaginación de Elio. Durante las siguientes semanas, los impulsos ocultos de obsesión y miedo, fascinación y deseo intensificarán su pasión.


Leí Llámame por tu nombre en una tarde. Desde la primera frase me atrapó y no me dejó soltarlo. La sinopsis dice bastante de la obra, lo suficiente para querer saber qué pasa entre esos dos. Elio tiene diecisiete años y es un muchacho de clase alta, hijo de un culto profesor universitario. Es amante de la lectura, a tal punto en que puede charlar fluidamente con cualquiera acerca de autores de la literatura clásica, y es un talentoso pianista y guitarrista. Elio pasa todos los veranos en la casa de la playa de su familia, junto a sus padres y los empleados domésticos. Sus padres insisten en que debe salir más al pueblo, hacer amigos, conocer gente nueva. 
Como bien dice la sinopsis, el padre de Elio aloja todos los veranos durante seis semanas a un huésped, un intelectual, un filósofo, un estudiante que está terminando una obra. El elegido de ese verano es Oliver, un atractivo profesor universitario norteamericano de veinticuatro años que pronto se gana el afecto de todos y que rápido se convierte en una obsesión para Elio.

Estaba convencido de que nadie en el mundo lo deseaba tan físicamente como yo; ni había alguien dispuesto a viajar la distancia que yo estaba preparado para recorrer por él. Ninguno había estudiado cada hueso de su cuerpo, tobillos, rodillas, muñecas, dedos de las manos y de los pies, nadie codiciaba cada pliegue de sus músculos, ninguno se lo llevaba a la cama cada noche y al verlo por la mañana tumbado en su cielo junto a la piscina le sonreía y cuando una sonrisa se aproximaba a sus labios pensaba: ¿sabes ya que anoche me corrí en tu boca?

Lo primero que debo decir es que está narrada en primera persona y que la narración es sumamente íntima. Encaja increíblemente con la personalidad de Elio. Es una narración que yo suelo llamar "desde y hacia el interior": desde el interior, porque conocemos cada profundo sentimiento que nace del protagonista; y hacia el interior, porque en muchas ocasiones la narración se queda en eso, en el interior de Elio, en la abstracción de su mente. Son las novelas que más me gustan: me encanta leer historias en primera persona narradas por personajes masculinos. 

Sin embargo, obviamente (y como todas), esta narración tiene un punto débil, que lo hace aun más exquisita: nos deja encadenados a las palabras de Elio, a sus impresiones y a lo que él cree de lo que sucede a su alrededor. Y, claro, a su interpretación de lo que sucede con los sentimientos de Oliver, quien nos tiene en una nebulosa hasta casi la mitad de la novela.

Al principio, por culpa de este narrador tan particular, tan bien llevado, tan íntimo y tan humano, nos creemos que a Oliver le cae mal el pobre Elio. Y arrastrados por él, no vemos las señales que Oliver le lanza, malinterpretamos y nos quedamos con las dudas. Pero ¿acaso eso no nos pasa todo el tiempo? Por eso me gustan tanto estos narradores. 

Elio es bastante maduro para sus diecisiete años y él mismo dice que los jóvenes de su edad le parecen insulsos. Hasta el momento en que Oliver llega a la casa de la playa, jamás ha explorado la homosexualidad, aunque deja bien claro que los hombres le atraen y que tiene dicha inquietud desde los catorce. Las chicas, a pesar de que le gustan, tienen un plano bastante secundario en su narración: solo es "amistad con derecho a roce". O más bien, a un intento desesperado por olvidarse de Oliver, que claramente no da resultado.

Sin embargo y ¡Luego!, es Oliver quien no puede dejar de pensar en Elio, quien irrumpe en su habitación para provocarle, quien acaricia su pie por debajo de la mesa. Y luego, también, es Oliver quien construye un muro alrededor de ellos, como si el futuro de un hombre no pudiese existir al lado de otro. 

Llámame por tu nombre es una novela preciosa. Llegamos a desesperarnos por saber que pronto se acabarán esas seis semanas, a mirar cuántas páginas faltas y preguntarnos qué puede pasar en lo que resta del libro. Deseamos locamente que Elio y Oliver terminen juntos, pero a veces, los deseos de esas personas que son los personajes no coinciden con los nuestros. O sí. Llegamos a enamorarnos de Oliver, de Elio (a pesar de la inmadurez que acarrea madurar antes de tiempo), del padre de Elio y de su sabiduría, de la dulce Vimini... de los paisajes de la playa, los viajes en bicicleta, el mar, las tardes entre las rocas de los acantilados. Sin duda, una novela que no puedo dejar de recomendar. Espero que la disfruten tanto como yo.

jueves, 19 de abril de 2018

Yo reseño: Kentucky Club, de Benjamin Alire Sáenz



Autor: Benjamín Alire Sáenz
Editorial: Literatura Random House

Formato: Epub

Esta antología, galardonada en 2013 con el Premio pen/Faulkner de Ficción, revela cómo las fronteras -reales, imaginadas, sexuales, humanas; la línea entre la luz y la oscuridad, adicción y libertad- permean por completo la vida de aquellos que viven atados a ella.

Pensemos, por ejemplo, en el Kentucky Club en avenida Juárez, a dos cuadras de Río Grande, piedra de toque para cada una de las historias de Sáenz. Sus personajes desfilan por ahí, van por un trago o simplemente a ver pasar la historia de sus vidas. Sáenz sabe que el Kentucky Club, como ciertos puntos de encuentro en todas las ciudades, es todo lo contrario a la frontera: da la bienvenida al español y al inglés, a gringos y mexicanos, a pobres y ricos, a homosexuales y heterosexuales, a drogadictos y alcohólicos, a la fruición y la melancolía. 

"Esta colección de relatos dibuja las generaciones que le han pertenecido a la frontera entre México y Estados Unidos, cuyo medio perfecto es avenida Juárez. Mucho que disfrutar en estas historias, llenas de valor y sentimiento." Publishers Weekly

***

Puse "Benjamin Alire Sáenz" en la Play Store y encontré este libro. No sabía que estaba en español y leí la muestra gratuita en un ratito. Quedé absolutamente enamorada, porque el primer cuento está por la mitad y quería saber qué seguía.  

Kentucky Club está conformado por siete cuentos. Había leído una reseña que me hizo pensar que todos los cuentos eran de temática gay. En realidad, tres de ellos son de temática gay y otros tienen contenido gay (que no es lo mismo).

Hagamos un breve recorrido por los cuentos.

Él se fue a estar con las mujeres
El primer cuento y de temática gay. Este cuento es una historia de amor entre un escritor de edad madura de El Paso (Juan Carlos) y un chofer que vive en Juárez (Javier). Es una historia hermosa y muy triste. El título hace referencia a los asesinatos de mujeres de Juárez.

El arte de la traducción
Nicholas vive en El Paso y despierta un día en un hospital. Tiene amnesia y no recuerda lo ocurrido. Sus padres y sus hermanos lo visitan todas las tardes, pero él siente que algo dentro de él murió. Pronto, descubrimos que Nick ha sido víctima de un ataque racista.

El que pone las reglas
Este cuento es un recorrido por la infancia y la adolescencia de su protagonista, un niño de diez años llamado Maximiliano. Max no conoce a su papá y vive con su madre en Juárez. Un día, su madre lo lleva a El Paso, donde lo deja con su papá. Max es muy pequeño y no se da cuenta de que su padre es un narcotraficante. A pesar de que es un hombre duro y le imparte reglas estrictas (encargarse de la limpieza, nunca entrar en su habitación), no deja que le falta nada y se encarga de su educación. Este fue mi cuento favorito. Me encantó la inocencia del narrador, la ternura de cómo nos muestra el violento mundo que lo rodea.

Hermano en otro idioma
Charly ha intentado suicidarse y detesta a su familia; a su padre que nunca lo amó, a su madre controladora. Luego de la muerte de su padre, Charly visita a un abogado que le cuenta la verdad de lo ocurrido con Antonio, el hermano que sus padres echaron de casa. Si bien no es un cuento de temática gay, tiene cierto contenido.

A veces la lluvia
El otro cuento romántico gay. Ernesto es un joven de clase trabajadora que vive en una zona rural de El Paso. Una noche, descubre a dos chicos conocidos haciendo el amor en el campo. A partir de ese momento, Ernesto comienza a cuestionarse su propia sexualidad.

Persiguiendo al dragón
Conrad y Carmen son hermanos (atención a sus nombres; uno gringo, el otro en español) . El dragón de Conrad es el sexo; con mujeres, con hombres, realmente no le importa demasiado. El dragón de Carmen son las drogas. Este es uno de los cuentos más duros y tristes, tal vez el más trágico.

El juego del dolor
Otro cuento de romance gay. Michael es terapeuta en una escuela de El Paso y una noche, en una reunión, conoce a Tom, un galante abogado. Mantienen una relación amorosa un tanto atípica. Tom suele quedarse en cada de Mike unos días... y luego desaparece por un tiempo indeterminado. A todo esto, Mike está tratando de sanar las heridas de su pasado y de ayudar a Danny, un chico de la escuela que es golpeado por su padre.


Bien. Como pueden ver, no todos son cuentos de temática gay, aunque sí hay una predominancia considerable.
El Kentucky Club es un famoso bar de Juárez, donde, según la leyenda popular, se inventó la margarita. En todos los cuentos de este libro aparece el Kentucky Club; ya sea en "carne y hueso" o en los recuerdos, como símbolo de la nostalgia por el tiempo que pasó y que no volverá. Varias parejas se conocen o conocieron allí; y tantas más visitan el lugar para tomar una copa.
En todos los cuentos está presente la frontera casi como un personaje más; ese lugar difuso donde las identidades se confluyen, donde las personas se preguntan qué tan mexicanos o estadounidenses son (tal como Ari y Dante). Algunos cuentos transcurren en El Paso, otros en Juárez, otros en ambos sitios.
Un tema recurrente en todos ellos es la familia. En la mayoría de los cuentos, la familia (o la falta de una familia; ya sea de forma real o simbólica) tiene un papel muy importante: es su familia quien apoya a Nick cuando es atacado, es su familia quien repudió al hermano de Charly por ser gay. Particularmente, resaltaría la figura del padre (o la carencia de uno) como la de mayor importancia o peso en estas familias.
Otro tema recurrente es la violencia, en todas sus presentaciones: desde la violencia física hasta la violencia estructural. Tenemos a las mujeres asesinadas en Juárez (que hasta el día de hoy son aproximadamente 600); el ataque racista que sufre Nicholas y que lo lleva al hospital; la violencia psicológica que el padre de Ernesto ejerce sobre él, disminuyéndolo todo el tiempo. 

Todos los cuentos están narrados en primera persona por sus protagonistas (hombres mexicanos o estadounidenses de ascendencia mexicana) en esa prosa íntima y poética que tanto caracteriza a Benjamin Alire Sáenz y de la que estoy absolutamente enamorada.
Esta vez sí les recomiendo mucho este libro (la novela anterior  no se la recomendé a todo el mundo porque es muy dura, a pesar de ser muy hermosa). Yo compré el libro digital en Ghandi y estaba súper barato (menos de tres dólares), así que si no desdeñan leer en digital y no quieren esperar el paquete del Correo, el ebook es una muy buena opción.

viernes, 16 de febrero de 2018

10 libros LGBTI que tenés que leer y por qué

Esto no es un ránking, sino una selección. Seleccioné diez libros, eligiendo géneros diversos o diferentes temáticas, que me parecen los mejores en el tema que tratan. Van a encontrar desde fantasía, terror hasta mpreg. ¿Cuáles leyeron? ¿Coinciden conmigo?

¡Que los disfruten!


Novela juvenil de temática gay
Dos chicos besándose, de David Levithan
Por ese narrador que nos desgarra desde la primera línea


Novela juvenil de autodescubrimiento de temática gay
Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo, de Benjamin Alire Sáenz
 Por ese amor tan puro que se tienen Ari y Dante


Novela de temática intersex
El chico de oro, de Abigail Tarttelin
 Por el realismo con el que nos acerca a la realidad de un joven intersexual


Novela homoerótica de fantasía
 Para extender las alas, de Corintia
 Por su exquisito trasfondo mitológico


Novela gay
Llámame por tu nombre, de André Aciman
 
Por su exquisita prosa y por traernos un «amor griego» en la actualidad


Novela de terror
El arte más íntimo, Poppy Z. Brite
 Porque con cada página se nos encoge un poquito más el corazón


Novela lésbica
El color púrpura, Alice Walker
Porque es muchísimo más que una "novela lésbica"


Libro de temática trans
Continuadísimo, Naty Menstrual
Por esa ternura con que Naty dibuja a sus travestis


Novela con Mpreg (embarazo masculino)
Enemigo mío, Barry B. Longyear
Porque a pesar de no ser una novela romántica, es una historia de amor


Novela histórica
El muchacho persa, Mary Renault
 Porque ¡quién no quisiera ser amado como Bagoas ama a Alejandro!


Y hasta aquí llegamos :) ¿Qué les pareció la lista? Se me ocurrió también hacer un especial de libros de autores diferentes países, para mostrar la pluralidad de voces que tenemos contándonos historias LGBTI.

jueves, 25 de enero de 2018

Leé un cuento: Sebas&Johnny

Este cuento es un middle-off de Cover, la última novela juvenil (aún inédita) que escribí. Es una escena que no forma parte de la novela, pero que transcurre en la mitad de ella. Al momento de ponerme a escribir no la incluí porque no me pareció demasiado relevante, sin embargo, quería narrarla :) 
Bueno, si me siguen en Face supongo que ya sabrán de qué trata la novela. Ya conocerán a Sebas, a Johnny, sabrán que hay un tercero llamado Juan Cruz...
Es probable que el cuento les parezca un poco spoiler de algunas cosas, sí, pero, por otro lado, dichas cosas son bastante obvias. ¡Espero que les guste!
La historia no tiene título, sepan disculparme.




Las vacaciones de invierno llegaron como una bendición, al menos para Sebas. Le costaba concentrarse en clase y más de una vez tuve que pasarle la tarea. Hizo una redacción de El juguete rabioso en el recreo de veinte minutos. Se sacó un ocho. Cuando Narda le entregó su redacción, sonreí y me volteé para mirarlo. Contemplaba su nota como si la hoja estuviera en blanco, como si no la entendiera…

Para mí, las vacaciones serían una maldición: no podría verlo todos los días. Y ya me había acostumbrado tanto a tenerlo al lado mío. Era contradictorio, porque me sentía aliviado por él, pero triste por mí. Supongo que así se siente uno cuando está enamorado. Repleto de contradicciones.

Nunca se lo dije a Sebas, pero en el calendario del celular había marcado el día en que se cumplirían los tres meses. Era dos semanas antes de mi cumpleaños número diecisiete.

Y el día en que ocurrió esto, se cumplían apenas trece días.

Habíamos salido a caminar. Así había dicho él: Johnny, ¿vamos a caminar?

—¿Con esta lluvia? —le respondí. Escuché su silencio a través del celular.

—Si no querés no importa…

—¡No! Está bien, vamos.

Ahora le prestaba más atención a mi aspecto. Él era tan pulcro y prolijo. Yo nunca había sido sucio o desordenado, pero jamás me había preocupado demasiado por mi pelo, por los granitos que me salían cuando me afeitaba, por las arrugas de mi ropa.

Me puse gel en el pelo, me afeité (una excusa para ponerme colonia, porque se me había acabado el perfume) y elegí mi jean favorito. Y mientras cerraba la puerta de casa, me vi reflejado en el espejo del recibidor. ¿Ese era yo? Casi no me reconocía. Me vi grande. Y me dio miedo.

Bajé las escaleras. Tenía ganas de volver a casa, tirarme en la cama y dormir… Dormir para no pensar.

Ya no llovía, pero de las ramas desnudas de los árboles todavía colgaban gotitas brillantes, como lágrimas. Un pájaro se paró en una rama y bebió una gota, y otra, y otra. Sonreí. Y por un momento olvidé que estaba enamorado de mi mejor amigo y que él no me correspondía.

Llegué a la plaza. Sebas estaba sentado en una hamaca, meciéndose suavemente. Debajo de sus converse negras había un charco de arena mojada. Me vio y comenzó a balancearse más rápido. Y cuando obtuvo velocidad, soltó las cadenas y se arrojó.

—Hace mil años que no me hamaco —le dije, saludándolo con un beso en la mejilla. Su piel me raspó y me hizo cosquillas. Él no se había afeitado. En el nacimiento del pelo ya se le asomaban las raíces rubias.

Tenía tanta curiosidad por su color natural. Me encantaba la exótica combinación del pelo negro y sus ojos verdes, y pensaba que seguramente el pelo oscuro lo favorecía más que el rubio. Pero quería verlo tal cual era, sentía la impenitente necesidad de conocer todo lo que tuviera relación con él, por más banal que fuera. Él vestía de negro, como siempre. Una campera de cuerina un poco gastada y unos jeans rotos en las rodillas. Llevaba todos sus piercings: la argolla de la nariz y las bolitas en las orejas.

—Qué facha —me dijo con una media sonrisa.

Sus ojos me recorrieron desde el pelo hasta las zapatillas, desde las zapatillas hasta mis ojos. Se me encogió el corazón. ¿En serio había dicho que era fachero? No, que estaba fachero, no que era, pensé mientras comenzábamos a caminar en dirección contraria a la peatonal. No es lo mismo ser que estar.

—¿Todo bien? —le pregunté.

Él asintió en silencio. Mi amigo no estaba muy comunicativo.

—Tratando de que el tiempo pase rápido —susurró—. Gracias por acompañarme.

Al contrario, casi le digo, pero me mordí la lengua. Le pasé el brazo por los hombros y lo estreché suave contra mí en un gesto amistoso. Habría querido abrazarlo con fuerza y decirle que todo estaría bien, pero no podía decirle eso. Porque no sabía si todo estaría bien. Sin embargo…

—No te preocupes. Yo te voy a acompañar.

Caminamos en silencio un par de cuadras. Pasamos por una casa de tattoo y bodypiercing, el lugar donde Sebas se había hecho la pequeña clave de sol de su espalda. Nos quedamos un rato mirando las vidrieras. Las fotos de los tatuajes recién hechos, los piercings, las pipas de agua. Siempre me preguntaba qué tendrían que ver las pipas de agua con los piercings. Debí decirlo en voz alta, porque Sebas susurró divertido:

—¿Qué otras cosas pondrías en la vidriera?

Me encogí de hombros. Ya había decidido qué quería tatuarme. Una flor de cactus rosa, la primera flor que había dado mi cactus favorito, cuando aún no sabía que los cactus pudieran florecer. Ese sería mi tatuaje.

Seguimos vagando y llegamos hasta el Beata Cecilia, el excolegio de Sebas. Todas las puertas estaban cerradas. Cuando pasamos por el gimnasio, él se detuvo de golpe.

—Mirá, Johnny —dijo.

Miré hacia donde me señalaba. Y vi una gata tricolor rodeada de sus bebés. Eran tres gatitos atigrados, hermosos, con los ojos todavía azules. Me giré sonriente, pero cuando vi a Sebas, me alarmé al ver que estaba al borde del llanto.

—Están abandonados… —susurró.

No podía creer que mi amigo se hubiera largado a llorar por algo así. Una lágrima cristalina bajó por sus mejillas blancas. Se sorbió la nariz. Sebastián estaba muy, muy sensible. Y me imaginé que yo también lo habría estado en su situación…

Cruzamos la calle para comprarles comida a los gatos en el mercado chino. Sebas me detuvo agarrándome de la manga de campera.

—Johnny, ¿comprás un vino?

—¿Vino? —Y recordé que mi amigo no podía tomar cerveza—. No creo que me lo vendan…

Pero, para mi sorpresa, me lo vendieron. El chino de la caja ni me miró. Le pagué el paquete de alimento para gato, el cartón de vino, una bolsita de maní, y salí del mercado a toda prisa, antes de que sospecharan que acababan de venderle alcohol a un menor de edad.

Mish, mishi, mishi —llamaba Sebastián a los gatitos mientras yo volcaba la comida arriba de un pañuelito descartable.

La mamá atravesó la reja a toda velocidad y hundió la cabeza en el montón de alimento. Sebas atrapó un gatito, le dio un beso en la cabeza y lo dejó junto a la comida. Para mi sorpresa (y mi asco, la verdad sea dicha), hizo lo mismo con los tres: los agarró y solo después de besarlos, los dejó comer.

—Había que bautizarlos —se explicó.

Le sonreí. Quise decirle que yo no estaba bautizado (¡bautízame!), pero era mentira. Había visto fotos de mi bautismo: un horrendo bebé gordo llorando porque no quería que le quitaran el pecado original.

Nos sentamos en el suelo y le pasé el cartón de vino. Frotó el pico con la manga de su campera para limpiarlo y lo abrió con los dientes. Escupió lejos el pedacito de cartón mordisqueado.

—No pediste pajita, ¿no? —me preguntó.

—Es un cartón de vino, no de leche chocolatada.

Bebió del pico. Bebimos del pico, y me regocijé de ese absurdo intercambio de saliva. Era como besarse sin besarse. Sebas me contó que le había ido muy bien en los exámenes del conservatorio, pero que tenía que encontrar un profesor que pudiera enseñarle a usar su voz de contratenor sin que sus cuerdas vocales y su voz real, la de barítono, no se dañaran. Yo le conté que había encontrado en Mercadolibre un libro que buscaba hacía meses; y que la semana pasada una clienta de mi mamá había probado una porción de torta hecha por mí. Me había dicho que me encargaría la torta de su cumpleaños.

En un momento, Sebastián alzó la cabeza hacia el cielo plomizo y dijo:

—Extraño coger.

Tragué saliva. Me ofrezco como tributo, le habría dicho. Pero me quedé callado, porque lo que él extrañaba era a Juan Cruz. Extrañaba el sexo con Juan Cruz. No supe qué decirle, así que me quedé callado. Él agarró un gatito y lo apoyó en su regazo.

—¿No te entra frío? —le pregunté, y le tironeé de las hilachas de los agujeros del jean.

Me miró con una sonrisa divertida y creo que suspiré. No dijo nada. Dio el último trago de vino, dejó el cartón a un lado y apoyó la cabeza sobre mi hombro. Me burbujeó el estómago.

Te amo, pensé cuando nuestras cabezas se tocaron.


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Yo reseño: Para acabar con Eddy Bellegueule, de Edouard Louis


Título: Para acabar con Eddy Belleguele
Autor: Édouard Louis
Formato: rústica   
Páginas: 192
Editorial: Salamandra
ISBN: 9788498386486
   
Sinopsis:

Salí corriendo de repente. Sólo me dio tiempo a oír a mi madre, que decía Pero ¿qué hace ese idiota? No quería estar con ellos, me negaba a compartir con ellos ese momento. Yo estaba ya lejos, había dejado de pertenecer a su mundo, la carta lo decía. Salí al campo y estuve andando gran parte de la noche: el ambiente fresco del norte, los caminos de tierra, el olor de la colza, muy intenso en esa época del año. Dediqué toda la noche a elaborar mi nueva vida, lejos de allí. 

«La verdad es que la rebelión contra mis padres, contra la pobreza, contra mi clase social, su racismo, su violencia, sus atavismos, fue algo secundario. Porque, antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla.» 
Édouard Louis 

***

Pocas veces un libro me dejó un sabor tan amargo y desagradable. Para acabar con Eddy Belleguelue es una novela autobiográfica y saberlo hizo que el sabor agridulce se transformara en agrio; o en amargo, como dije. Vamos a la reseña y les cuento por qué.

Eddy es un niño que vive en un pueblo obrero de Francia, un pueblo muy muy pobre. Allí, los hombres se dejan la salud trabajando en la fábrica metalúrgica y las mujeres tienen que conformarse con la maternidad (muchas veces temprana) y las tareas de la casa; en la propia o en las de los demás. La familia de Eddy no es la excepción. Su padre trabaja en la fábrica y continuamente sufre de dolores de espaldas que lo dejan echado en la cama temporadas enteras; y su madre ha quedado relegada a las tareas del hogar. 

Eddy es un niño afeminado y continuamente sufre tanto el acoso de sus compañeros de escuela como el de su propia familia: algo raro hay en él, ya que no se comporta como un hombre. Su voz es más aguda, mueve las manos al hablar y camina meneando las caderas. Eddy afirma que de su infancia no tiene ningún recuerdo positivo. Palabras realmente muy duras. 

Para Eddy, como para muchos niños y adolescentes homosexuales o trans, la huida es la única opción.

No es necesario leer entre líneas para darse cuenta; ya en la sinopsos advertimos que esta huida es al mismo tiempo: la huida de la homofobia que sufre en su pueblo y la huida de la pobreza. Sin embargo, el rechazo que siente el personaje por la pobreza, al menos superficialmente, no se basa en la injusticia social sino en la vergüenza de ser pobre:

Todavía me está costando dolores tremendos y noches sin dormir esa negligencia de mi familia y de mi clase social, y ( ... ) algunos compañeros me preguntaban Pero ¿por qué no te llevaron tus padres a un ortodoncista? Esas mentiras mías. Les contesté que mis padres, unos intelectuales que se pasaban un poco de bohemios, le daban tanta importancia a mi formación literaria que descuidaron a veces los temas de salud.

Si hay algo que no me gusta encontrarme ni en la vida real ni en un libro, aparte de la LGBTfobia, es el clasismo. Y hablo muy en serio: he terminado de relacionarme con gente por ese motivo. Quizá por eso la novela, sinceramente, no me gustó. Me inquieta mucho el clasismo cuando lo veo en otras minorías.

Eddy no solo decide huir de su pueblo, sino también de su clase social, repudiándola:

Los finales de mes en que a mis padres no les llegaba el dinero para comprar carne, comíamos pescado varios días seguidos. De ahí me viene este asco. En la actualidad me repugna ese plato tan apreciado en los ambientes a los que he conseguido llegar.

En fin. Una historia muy dura, tristemente realista. El resultado de lo que el odio produce en las personas: más odio.

Si se preguntaron el porqué del título, Para acabar con Eddy Bellegueule, hay que encontrarlo en la vida real del autor, ya que es una metáfora: Eddy Bellegueule se cambió el nombre a Edouard Louis.